lunes, 30 de enero de 2012

El padre nuestro Artigas


El Padre nuestro Artigas
señor de nuestra tierra
que como un sol llevaba
la libertad en pos.”
(Fragmento del Himno a Artigas)

Calor agobiante. Formados aguardamos para ingresar al patio del colegio donde prometeremos la bandera, el día del natalicio de nuestro prócer, que nos mira desde el cuadro de Blanes, a las puertas de la Ciudadela. 

Impasible, con su uniforme de blandengue, su rostro impone una imagen de respeto, desde primer año de escuela se nos ha grabado en el inconsciente, decían de él nuestras maestras “perfil aguileño mirada penetrante”, lo decían también todos los bustos de bronce del prócer, así permanecía él, “Pepe”, inmóvil, inmutable, así trascendió el “Pepe” en el tiempo, así penetró al imagen del Pepe en el pensamiento de todos los niños. 

Números y nombres, hojas “Tabaré” con la imagen pertinente: 19 de junio de 1764, Natalicio de Don José Gervasio Artigas, 18 de mayo de 1811, Batalla de las Piedras, y así quedaba registrado, 19 de junio natalicio de artigas 19 de mayo batalla de las piedras, y El Cuadro, claro está, cuadros de batallas, y siempre el impertérrito rostro del prócer, siempre el Mismo Rostro.

“¿Y donde vivía, cómo fue su niñez, jugaba a la pelota, dormía en el dormitorio con sus hermanos, sus padres cenaban en una cocina, dónde vivía cómo vivía cómo era?”, era la pregunta que nunca dejaba de hacerme. 
Pero nada de lo que nos enseñaban tenía que ver con eso, sino con batallas y banderas. 
Así, El Héroe, era eso, un héroe, que estaba adentro de un busto de bronce, o adentro de una pintura de Blanes.

Hoy, a muchos años de todo eso, creo que existe un gran agujero negro en toda la historia que concierne a nuestro prócer. 

En “Amores Cimarrones”, Marcia Collazo Ibáñez tuvo la osadía de poner por escrito que “el padre nuestro Artigas” tenía sentimientos pecaminosos, peor aún, estuvo con todas las hembras (“chinas”) dispuestas de toda la Banda Oriental. 
Nadie nos enseñó que tuvo un amor platónico con Isabel Sánchez, residente de la Villa de Soriano, con ascendencia indígena, nadie tampoco nos enseñó que su esposa legítima, (y prima) Doña Rosalía Villagrán fue la mujer más infeliz del mundo y si la vio diez veces es exagerar mucho. 
Tampoco nadie nos contó que paralelamente en vida de Doña Rosalía Villagrán “el padre nuestro Artigas” contrajo matrimonio con Melchora Cuenca, y si eso no es bigamia, yo me bajo en la próxima.
Nadie nos contó que “el padre nuestro Artigas” era despiadado en lo que respecta a “asuntos del corazón”, es imposible llevar la cuenta de todos los corazones que rompió, de todas las féminas a quienes hizo sufrir, comenzando por su legítima esposa Rosalía, quien luego de haber parido dos niñas que murieron, y de haberla dejado sola en medio de la barbarie de las invasiones inglesas, perdió la razón buscándolo a él entre cadáveres depositados en la Iglesia Matriz, la misma donde antes se hubieron casado.
Nadie tampoco nos ha enseñado qué había exactamente en el Ayuí, donde parecería ser que no imperaba ley alguna, y “el padre nuestro Artigas” hacía y disponía de todas las vidas. 

Según el libro “Artigas. La Redota”, también su autor Pablo Vierci tuvo la osadía de poner en letras que el rostro del “padre nuestro Artigas” fue un invento del presidente Máximo Santos, quien le habría encargado a Juan Manuel Blanes retratarlo, a partir de unos escasos dibujos, en donde no aparecía rostro alguno. Tal es así, que Santos no quedó conforme con la primera versión que hizo Blanes, por tratarse de un rostro que no imponía “seriedad” y pretendiendo Santos tal rostro se impregnase en la memoria colectiva de niños, adultos y ancianos, y Blanes tuvo que corregirla y así surgió el sublime retrato que todos percibimos en primer año de escuela de “el padre nuestro Artigas” en la puerta de la Ciudadela.

Sin embargo, resulta extraño que nadie le hubiera pintado un retrato al “padre nuestro Artigas” en vida, o acaso ¿no había dibujantes, o pintores que hubieran podido hacerlo?

Lo dicho, hoy, a muchos años de todo eso, creo que existe un gran agujero negro en toda la historia que concierne a nuestro prócer. 
Sólo queda preguntarnos ¿Por qué?

Anna Donner Rybak © 2012
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