lunes, 23 de enero de 2012

Indignados Silencios Elitistas.


Tiempos de indignación vivimos e indignados estamos. 

Pero hay indignados e indignados. 

Existe una mayoría selecta que se destaca mediante todos los escenarios posibles de denuncias: pancartas, quema de objetos, vestimentas de determinado color, hambrientos "Por huega", etc. 

La indignación adquirió  una vasta gama de colores, y tal cuestión es harta positiva;  nunca está de más denunciar y menos de más está (aún) el ingenio de la denuncia. Lo que (por el contrario) está de menos es el Elitismo en la denuncia. 

La sigla "DDHH" es fiel representante de lo urgente, lo vital, lo significativo, lo trascendental, y esta premisa debería se considerada por todos y cada uno de los que la citan. Sin embargo, hay "silencios que matan". 

No hay justificación alguna para la alarmante situación en que viven las mujeres en muchas teocracias islámicas.  Resulta penoso que un porcentaje ínfimo alce la voz ante la escoria humana que decide quitar la vida a una mujer a pedradas estando en pleno siglo XXI, pero como existe un demonio llamado macho que decide en un lugar en el mundo que su esposa tiene que morir, esa mujer muere y nadie, ¡nadie! lo condena. ¿Por qué? Porque él lo dice. Y punto. La palabra del demonio tiene un valor agregado descomunal, y nadie osa decir nada. Pero el nadie abarca al "nadie" de ese lugar, y también al "nadie" como colectivo mundial. 

Resulta entonces oportuno preguntar ¿dónde están los solidariamente indignados denunciando estos atropellos? ¿Por qué nunca se condenan con la pertinente vehemencia tales insucesos? 

Existe una desmedida lista de comportamientos que son pasibles de percibir "sanciones".

En Arabia Saudí una mujer iba conduciendo su automóvil cuando fue arrestada por la policía, y fue condenada a diez latigazos por contravernir la norma que prohibe a las mujeres conducir.  Pocos días después los medios difundieron la noticia de que el propio monarca saudita le había concedido el indulto. Cuando fue interrogada, la mujer dijo que conducía su auto porque no tenía a disposición otro medio de transporte público ni privado y necesitaba ir al hospital, y se confirmó que la mujer fue notificada a la condena de los latigazos.

En Nigeria una mujer de 30 años en 2001 fue condenada por un tribunal islámico a morir lapidada por cometer adulterio. Pocos meses después la misma sentencia cayó contra otra nigeriana. Ocho años después, en Irán también se ejecutó a una mujer por lapidación y su origen es desconocido. La lapidación, es una forma arcaica y cruel de aplicar la pena de muerte que pervive en los albores del siglo XXI y sólamente contra las mujeres: "La lapidación es una práctica que se encuentra en la antigua tradición islámica como método de ejecución".

La condena de lapidación por adulterio está prevista en un cúmulo de países: Irán, Pakistán, Sudán, Yemen, Emiratos Arabes, NIgeria e Indonesia. 

Uno de los pocos testimonios directos que se conocen de lapidación fue recogido de un informe de Amnistía Internacional, de 1987, referido a una ejecución en Irán: "El camión depositó un gran montón de piedras grandes y pequeñas, y luego dos mujeres vestidas de blanco y con la cabeza tapada por un saco fueron conducidas al lugar(...) La lluvia de piedras que cayó sobre  ellas las dejó convertidas en dos sacos rojos (...). Las mujeres heridas cayeron al suelo, y los guardias revolucionarios las golpearon con una pala para asegurarse de que estaban muertas". En el Código Pebnbal iraní se especifica la forma en la que debe llevarse a cabo la condena. Se establece que las mujeres tendrán que ser enterradas hasta el pecho y describe qué tipo de piedras es preciso utilizar y que no deberán ser "lo suficientemente grandes como para matar a la persona de una o dos pedradas, ni deberán ser tan pequeñas que no puedan calificarse de piedras". Un detalle que representa la confirmación de la voluntad de infligir más sufrimiento a la víctima y de garantizar que la muerte sea lenta. 

Del mismo modo, ¿qué puede justificar a que el presidente de Irán haya ejecutado mediante la horca a homosexuales el año pasado? 

Aproximadamente 4000 homosexuales fueron exterminados en Irán desde 1980. Los iraníes sospechosos de ser homosexuales comunmente afrontan torturas. Dice el presidente "no tenemos homosexuales en nuestro país, no sufrimos de ese fenómeno". Los homosexuales en Irán viven con el miedo constante a la ejecución y a la persecusión y al estigma social asociado con la homosexualidad, definido por algunos como "uno de los actos más pecaminosos conocidos de la humanidad probatorio de instintos pervertidos siendo colapso total de de desvergüenza y deshonor y de extrema podredumbre del carácter y del alma". 

Es entonces que lo más indignante resulta ser el silencio ante tales atropellos. Parecería ser que existe una especie de "elitismo" de atropellos; algunos si se denuncian pero otros no. Esto es lo realmente perverso. ¿Acaso los atropellos y violaciones a los derechos humanos tienen categorías?

NO. Todos deben de ser condenados, deplorados y denunciados por igual. Pero, por desgracia la violación a los derechos humanos es elitista.

Anna Donner Rybak © 2012
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